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San Nicolás de Tolentino: La estrella. Los panecillos

Sobre este santo agustino, podemos destacar:

san nicolas de tolentino[1]El anuncio de la estrella

Una noche, tras larga oración, en duermevela mística, vio hacia oriente, en el cielo, una estrella muy brillante. Estaba justo sobre Sant’Angelo in Pontano, su pueblo natal. Absorto por el fenómeno, vio cómo la estrella descendía hacia el pueblo, al tiempo que aumentaba su fulgor. Luego volvió a levantarse y, trazando una parábola, vino a situarse sobre Tolentino, sobre el oratorio del convento. Así, varias noches, Nicolás siguió al ritmo de su corazón emocionado el curso de la estrella, idéntico siempre.

El padre estaba perplejo: intuía que había de ser un signo importante, pero no sabía interpretarlo. Al fin se decidió a consultar a un religioso venerable. La respuesta de éste lo dejó atónito: «La estrella es símbolo de tu santidad. En el sitio donde se detiene se abrirá pronto una tumba; es tu tumba, que será bendecida en todo el mundo como manantial de prodigios, gracias y favores celestiales». Su humildad no le permitía dar crédito a la interpretación dada.

A partir de este día no volvió a ver en sueños la estrella, sino despierto, y a la luz del día. Cuando iba a celebrar la eucaristía, la encontraba esperándolo a la puerta del oratorio. Lo precedía al altar y allí, sobre los candelabros, se mantenía toda la misa. Cuando el santo, tras la acción de gracias, se levantaba para salir, la estrella desaparecía.

Estaba claro que la estrella marcaba el final de la carrera, el reposo en el Señor de la eucaristía. Nicolás, astro brillante de santidad, estaba llegando a la meta. Aunque la estrella no se extinguirá, porque procede del cielo. «A los veinte años de la muerte del santo –dirá su primer biógrafo, que escribe en este tiempo–, el día del aniversario aún se hacía visible sobre el altar la estrella, y miles de peregrinos acudían a contemplarla». En la iconografía y en la fe del pueblo, Nicolás de Tolentino será ya para siempre el Santo de la estrella. Desde entonces, este signo celeste de su santidad ha orientado hacia Dios muchas miradas, y hacia el cielo muchas vidas.

Santo y protector de todos

Su solicitud por los pobres, enfermos y necesitados, el Santo la ha mantenido en la otra vida. Muchas poblaciones se han acogido a su patrocinio; en bastantes ocasiones, los artistas lo han representado atrayéndolas a sí, protector, al modo como la clueca cobija a sus pollos, o deteniendo con su mano sobre las ciudades las flechas de la ira divina.

Claro está que donde Nicolás se muestra Santo propicio es sobre todo en Tolentino, su ciudad. Pocos años después de su muerte, llevadas por la fe, visitaban su sepulcro multitudes venidas de toda Italia. Los favores se sucedieron en cascada, y hubo que abrir proceso de canonización. Y el simbolismo y la profecía de la estrella siguieron cumpliéndose a lo largo de los siglos; buena prueba de ello son los exvotos que, desde el siglo XVII, se conservan en el convento de Tolentino, más los miles de ellos que se han perdido.

No obstante, san Nicolás ha extendido su manto protector a toda la cristiandad. Como Santo sencillo que es, hecho al trabajo con los humildes, abre su mano al pueblo cristiano a través de los panecillos. Cuenta su biógrafo que cuando, en cierta ocasión, Nicolás yacía muy enfermo, al borde de la muerte, por inspiración divina pidió como medicina un trozo de pan de limosna empapado en agua. Una vez probado el pan, el enfermo sanó de repente.

La fe sencilla y honda del pueblo llano ha imitado este gesto durante siglos. Todavía ahora, en todo el mundo, se bendicen y distribuyen los panecillos de san Nicolás el día de su fiesta; y los fieles buscan en el recuerdo del Santo la protección divina.

 


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